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Ley de operaciones especiales de Trinidad y Tobago y la geografía del desarrollo

Identificar un punto conflictivo de seguridad es parte de comprender un lugar que puede ser también un núcleo de empleo, tener infraestructuras deficientes, organizaciones locales sólidas o vulnerabilidades juveniles.

Por Kwasi Cudjoe, traducido por Juan Carlos Busto · Global Voices en Español (CC BY 3.0) · Adaptación pedagógica de The Easy Spanish News

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Cuando el Estado identifica una zona, también debe preguntarse: ¿qué más se sabe sobre esa zona?

El proyecto de ley de operaciones especiales de 2026 de Trinidad y Tobago es una respuesta principal a la delincuencia. También responde a la inseguridad. La ley establece siete distritos policiales. En esos lugares se podrían llevar a cabo operaciones especiales. Además, existe la posibilidad de que la Fuerza de Defensa brinde asistencia militar a la Policía. Este proyecto de ley también contempla zonas perimetradas. Incluye toques de queda y cordones policiales. También prevé registros y requisitos de notificación. Por último, exige formación en zonas que incluyen derechos humanos, uso de la fuerza y participación ciudadana.

Gran parte del debate público con respecto a estas medidas gira en torno a dos asuntos. Un asunto es el poder de la autoridad. El otro asunto son las libertades civiles. Hay otro aspecto importante desde la perspectiva del desarrollo. La medida plantea una forma particular de organizar la geografía de seguridad del país. Esa parte del proyecto de ley merece más atención. El uso de grandes zonas administrativas para organizar servicios públicos es una práctica común. Sin embargo, la cuestión es distinta. Un distrito policial no equivale necesariamente a una comunidad. Tampoco equivale a una economía local ni a una zona de desarrollo. Esta distinción cobra importancia. Ocurre cuando el Estado emplea la misma división territorial para identificar dónde se concentran algunos problemas de seguridad.

Mapa de seguridad frente a mapa de desarrollo

Existen zonas como la de San Juan/Laventille. Esta zona se encuentra en el centro-norte de Trinidad. Allí se albergan comunidades con historias y circunstancias muy diversas. Esto también ocurre en Couva-Tabaquite-Talparo. Este lugar está situado en el centro. Sucede lo mismo en Penal-Debe. Esta zona se sitúa al sur de Trinidad. Un distrito puede resultar conveniente administrativamente. Al mismo tiempo, puede presentar notables disparidades. Estas diferencias afectan a los ingresos y al empleo. También influyen en la infraestructura y en el acceso a servicios. Por último, afectan a la relación entre los habitantes y las instituciones públicas.

Para las políticas de desarrollo, estas diferencias no son una coincidencia. Constituyen el punto de partida. Permiten comprender por qué una intervención funciona en una comunidad. En cambio, esa misma intervención tiene efectos limitados en otra. Hasta cierto punto, el actual proyecto de ley reconoce que las circunstancias locales importan. Una zona perimetrada solo podrá declararse bajo una condición. El presidente debe considerarlo acreditado. Debe tener motivos fundados. Debe existir la certeza de que la seguridad y la paz públicas están amenazadas. Las circunstancias deben incluir el aumento de delitos violentos. También abarcan la proliferación de armas de fuego ilegales. Otra causa es el control y la coacción de bandas sobre una comunidad local. La declaración deberá exponer los motivos de la medida. Después, deberá presentarse ante la Cámara de Representantes. Sin embargo, hay una exigencia clave. Una vez que el Estado identifica una zona, también debe hacerse una pregunta. Debe preguntarse: ¿qué más se sabe sobre esa zona?

Los datos sobre delincuencia pueden informarnos sobre un aspecto concreto. Muestran la incidencia de la violencia y los patrones de la actividad criminal. Sin embargo, no explican necesariamente otro asunto. No explican por qué dos comunidades responden de forma diferente. Esto ocurre aunque enfrenten niveles aparentemente similares de violencia. Esto requiere otro tipo de información. Es un rubro importante. En este ámbito, las políticas de desarrollo pueden aportar algo al debate sobre la seguridad.

El Banco Interamericano de Desarrollo publicó una guía en 2024. Se titula guía de 2024 sobre la vigilancia policial en puntos conflictivos en Latinoamérica y el Caribe. Dicho documento establece un punto parecido desde la perspectiva policial. Describe esta estrategia como un planteamiento. Se fundamenta en evidencia para concentrar la actividad policial. Esa actividad se sitúa donde se concentra la delincuencia. Pero el texto también destaca especialmente otros elementos. Menciona la evaluación y la posibilidad de un efecto de desplazamiento. Por último, señala una necesidad fundamental. Hay que complementar la labor policial con otros planteamientos. Solo así se puede mantener la reducción de la criminalidad en el tiempo.

Para Trinidad y Tobago ocurre lo siguiente. Identificar un punto conflictivo de seguridad solo es parte de comprender un lugar. La misma ubicación puede ser un núcleo de empleo. También puede tener infraestructuras deficientes. Puede contar con organizaciones locales potentes. O puede sufrir vulnerabilidad juvenil. Es posible que estas características no queden reflejadas en una única base de datos. Esto resalta una necesidad clara. Hay que optimizar el uso de la información territorial. Esta información surge cuando el Estado centra su atención en lugares concretos.

Lecciones de la región

Las Zonas de Operaciones Especiales de Jamaica ofrecen una comparación regional muy pertinente. Dicha legislación se aprobó en 2017. Entonces combinó medidas de seguridad con un marco de intervención social preexistente. Se asignó una Comisión de Intervención Social a cada zona. Esa comisión recibió una responsabilidad concreta. Debía evaluar la infraestructura física. También analizaba las condiciones sanitarias, la vivienda y los equipamientos sociales. Su tarea consistía en elaborar un plan de desarrollo sostenible. Ese plan debía abarcar varios ámbitos. Incluía la salud, el ambiente y la mejora social. También comprendía la educación y el desarrollo económico. Actualmente, este planteamiento se encuentra en un punto especialmente interesante.

En junio de 2026 ocurrió un hecho destacado. El Gobierno de Jamaica anunció una evaluación completa de sus siete zonas de operaciones especiales. Esta medida se complementó con una investigación. Su destino era analizar varios factores. Evaluaba sus costos y beneficios financieros. También estudiaba su valor social. Analizaba sus consecuencias imprevistas. Por último, medía sus efectos sociales y medioambientales a largo plazo. El estudio busca otro objetivo. Sirve de base para una posible transición. Se dirige hacia las zonas de operaciones especiales de paz y oportunidades.

Este proceso ofrece muchas lecciones útiles para Trinidad y Tobago. Todo ello ocurre sin obviar las dificultades que conlleva. Una intervención en materia de seguridad puede lograr un resultado. Puede recabar suficiente información sobre un lugar. Sin embargo, eso no supone comprender completamente un hecho. No explica por qué persiste la inseguridad. Para lograrlo, se necesitan instituciones capaces de integrar distintas disciplinas de conocimiento. También requieren realizar un seguimiento continuo de lo que ocurre tras dicha intervención.

Brasil tiene otra perspectiva muy diferente. Las Unidades de Policía Pacificadora de Río de Janeiro se implantaron en 2008. Tenían un fin principal. Buscaban establecer una presencia más permanente del Estado. Esa presencia se dirigía a aquellas comunidades dominadas por grupos delictivos organizados. El Banco Mundial elaboró un estudio sobre este planteamiento. Dicho informe no se ciñó a la delincuencia y la acción policial. Se centró en analizar otros temas. Estudió las transformaciones en la vida comunitaria. También examinó la relación entre los vecinos y el Estado. Evaluó las oportunidades económicas. Por último, analizó las experiencias de sus habitantes. Esta iniciativa dio lugar a experiencias muy diversas según la comunidad. Con el tiempo, la iniciativa acabó enfrentando graves problemas de sostenibilidad. Estos problemas demostraron un hecho claro. La relación a largo plazo entre la seguridad, las instituciones públicas y las comunidades debe planificarse desde el primer momento.

Colombia optó por abordar ese mismo problema mediante sus propios mecanismos. Creó los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial. Se conocen como PDET. Se aplicaron en los 170 municipios más afectados. Esos lugares sufrían pobreza y violencia. También padecían economías ilícitas y una escasa presencia institucional. Estos programas son instrumentos de planificación y gestión a 15 años. Se crearon para estabilizar y transformar estas zonas.

El modelo PDET no constituye propiamente una intervención de seguridad. Por eso no puede compararse directamente con las operaciones especiales. Su relevancia radica en otro aspecto. Se centra en cómo trata al territorio. Lo considera una unidad importante de la planificación del desarrollo. La idea fundamental es muy clara. Los lugares afectados por el conflicto y una débil presencia del Estado necesitan algo especial. Pueden requerir una atención constante sobre la propia zona. Esto contrasta con la aplicación de programas individuales. Esos programas suelen ser ejecutados por distintos organismos de forma aislada. Esta distinción resulta útil. Se advierte cuando se observa la ley propuesta por Trinidad y Tobago. La principal preocupación de esa ley es la respuesta en materia de seguridad.

El Senado de Trinidad y Tobago rechazó un proyecto de ley anterior en enero de 2026. Aquel texto fue más explícito. Vinculaba las intervenciones de seguridad con el desarrollo de la comunidad. Se propuso la creación de un Comité de Transformación Social. Ese comité debía cumplir varias tareas. Evaluaba las condiciones de una zona. Identificaba amenazas al desarrollo sostenible. Elaboraba un plan de desarrollo sostenible. Por último, recomendaba intervenciones sociales.

Esto no quiere decir que la Policía deba convertirse en una agencia de desarrollo. Significa otra cosa. Indica que las instituciones públicas analizan las mismas comunidades desde perspectivas diferentes. La Policía puede conocer una comunidad a través de varios elementos. Usa los incidentes, los servicios de información y las llamadas de emergencia. Por su parte, el Ministerio de Educación puede conocerla mediante la asistencia y el rendimiento escolar. Las autoridades de salud pueden disponer de información sobre el acceso a los servicios. El Gobierno local puede conocer sus deficiencias en materia de infraestructuras. Las organizaciones comunitarias pueden tener un conocimiento más detallado. Saben qué jóvenes son vulnerables al reclutamiento por parte de las bandas. Integrar todas estas fuentes de conocimiento no haría que la delincuencia desapareciera. Sin embargo, ofrecería un gran beneficio. Proporcionaría una mejor comprensión de un fenómeno. Explicaría por qué algunas zonas requieren intervenciones repetidas mientras que otras avanzan en otra dirección.

El debate regional también avanza en esta dirección. La CARICOM y el PNUD publicaron un texto conjunto. Se trata del documento de diagnóstico de la CARICOM y el PNUD. El texto se publicó en mayo de 2026. Dicho documento examina la delincuencia y la violencia. Los analiza junto con la gobernanza y la desigualdad. También estudia la vulnerabilidad de la juventud y otras presiones de desarrollo. El informe adopta una postura clara. En lugar de tratar la violencia como un problema exclusivo de seguridad, hace otra cosa. Sitúa estos temas en un marco más amplio. Ese marco abarca la prevención y la seguridad humana.

¿Qué puede aprender Trinidad y Tobago?

Existe un conjunto cada vez mayor de experiencias en el Caribe y Latinoamérica. Tratan sobre perspectivas territoriales. Abordan la violencia y la acción policial. También analizan las instituciones públicas y el desarrollo. Esto incluye las repercusiones más amplias. Se refiere a los efectos que los estados de excepción y las medidas de seguridad extraordinarias tienen sobre el desarrollo de la región.

Conviene analizar un aspecto concreto. Hay que mirar más allá de cómo influyen las medidas de emergencia en la vida económica y social. Vale la pena observar otro asunto. Es necesario examinar cómo el Estado define las zonas. Son los lugares donde desea concentrar su respuesta en materia de seguridad. Debemos preguntarnos si esos lugares pueden convertirse en unidades útiles. Sirven para optimizar las políticas públicas y el aprendizaje. Esto puede adquirir especial relevancia por un motivo. La legislación contiene una cláusula de caducidad de dos años. Por ende, el país debería poder hacer un balance completo. Ese balance debe ir más allá de ciertos datos. No debe limitarse a la cantidad de operaciones efectuadas. Tampoco debe centrarse solo en los arrestos realizados o las armas incautadas. El Estado debería tener una idea más clara. Debe saber qué ha ocurrido en esas comunidades. También necesita conocer qué cambios se han sostenido en el tiempo.

En este sentido, la evaluación que está haciendo Jamaica resulta muy instructiva. Han pasado casi nueve años desde la creación de su primera zona de operación especial. Ante esa situación, el país se hace varias preguntas. Se pregunta qué ha funcionado y qué no. Analiza qué costos han supuesto las intervenciones. También estudia cuáles han sido los efectos sociales y ambientales a largo plazo. Esto no significa algo incorrecto. No implica que cada operación especial deba transformarse en un programa social. Tampoco significa que la inversión en desarrollo deba sustituir a la presencia policial en los sitios de mayor actividad criminal. Sin embargo, existe una lección importante. La geografía de un problema de seguridad puede ser un gran punto de partida. Ayuda a comprender un problema de desarrollo.

Una comunidad es mucho más que un dato estadístico. Supera con creces el cómputo global de los incidentes registrados en esa comunidad. El lugar tiene escuelas y comercios. También cuenta con familias e instituciones públicas. Todos esos elementos determinan un hecho crucial. Definen cómo sus ciudadanos viven la inseguridad. También marcan cómo experimentan la intervención del Gobierno. Los siete distritos policiales propuestos en Trinidad y Tobago pueden brindar un marco administrativo. Sirven para la respuesta de seguridad. Sin embargo, no representan fielmente las comunidades que los integran.

Esta distinción importa mucho. Jamaica ha dedicado casi diez años a un objetivo. Ha juntado las intervenciones de seguridad territorial con la transformación social. Ahora mismo están evaluando los resultados. Por su parte, Colombia apostó por una estrategia clara. Eligió una planificación territorial a largo plazo. La aplicó en los municipios más afectados por la violencia, la pobreza y la falta de presencia institucional. Además, las experiencias de pacificación de Brasil en Río demuestran ciertas dificultades. Surgen al intentar mantener una nueva presencia del Estado. Los problemas aparecen cuando los cambios institucionales y sociales más amplios no se desarrollan al mismo ritmo.

Trinidad y Tobago no tiene por qué adoptar ninguno de estos planteamientos en su totalidad. Sin embargo, existe una oportunidad. Algunas zonas recibirán atención sostenida por sus condiciones de seguridad. Esos lugares podrían convertirse en espacios clave. El Gobierno podría desarrollar allí una comprensión más clara de varios factores. Debe entender las condiciones locales asociadas con la inseguridad. Necesita conocer las instituciones que ya operan allí. También debe identificar las intervenciones que realmente marcan la diferencia. Esto haría que el proceso fuera más allá de un simple trámite. No se trataría solo de delimitar las zonas donde pueden efectuarse las operaciones especiales. Nos ayudaría a lograr un objetivo mayor. Permitiría comprender las complejidades intrínsecas de los territorios situados dentro de esos límites.

Currently reading at B1 level (Intermedio)