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Movimiento desde detrás de las pantallas

El crecimiento del activismo en línea ha aportado nuevos aspectos en las plataformas de los movimientos. Existe un debate sobre su eficacia y sobre cómo pueden complementarse.

Por Juliana Harsianti, traducido por Paola Benitez · Global Voices en Español (CC BY 3.0) · Adaptación pedagógica de The Easy Spanish News

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Protestas en línea o presenciales, ¿qué efectividad tienen?

Este artículo es parte de la serie Spotlight de septiembre de 2026 de Global Voices, “Protesta en democracia”. Con esta serie, buscamos explorar las diversas formas de protesta, las tácticas que los Estados utilizan para deslegitimarlas y suprimirlas, y la compleja relación entre la protesta y la democracia. Puede apoyar esta cobertura con una donación aquí.

La creciente popularidad de las redes sociales ha influido en cómo se expresan las personas. El uso de estas redes está muy extendido hoy en día. Si antes las protestas consistían en salir a la calle con pancartas y consignas, hoy estas actividades también pueden llevarse a cabo en el espacio virtual. Los mensajes y lemas se transmiten a través de etiquetas, afiches digitales o videos publicados en distintas plataformas. Acontecimientos como la Primavera Árabe y el movimiento Occupy han reforzado aún más el fenómeno de la protesta en línea.

Ambas son eficaces, ¿no?

¿Qué diferencia hay entre las protestas en línea y las presenciales? Según la antropóloga Yatun Sastramidjaja, en un artículo para la Universidad de Ámsterdam, no hay diferencia significativa entre la protesta presencial y la virtual. Solo cambia el escenario: el mundo real frente al mundo digital. A pesar de esa diferencia, ambas formas pueden movilizar multitudes, expresar opiniones y apoyarse mutuamente. Una protesta que empieza en línea puede extenderse a las calles. Así ocurrió con la Primavera Árabe y el movimiento Occupy. Estas movilizaciones iniciadas en línea también sirven para dar a conocer problemas concretos. Luego pueden dar lugar a protestas presenciales.

Estos movimientos en línea resultan atractivos porque se conectan con las tendencias culturales modernas. Entre estas tendencias encontramos memes, etiquetas, afiches y solicitudes en línea. Las campañas bien hechas suelen contratar a diseñadores gráficos especializados. Estos profesionales eligen colores y tipografías específicas para transmitir un trasfondo significativo. Todo está pensado con cuidado según la naturaleza de la protesta. Estos elementos visuales se aplican luego sistemáticamente en todas las plataformas digitales. Esto incluye sitios web, redes sociales, carteles y otros medios. En esencia, la protesta se trata casi como la marca de un producto. Requiere una identidad clara y fuerte.

Esta perspectiva es muy eficaz para instalar un movimiento social en la mente de las personas. Llega a quienes están acostumbrados a participar en protestas. También llega a quienes se sienten atraídos por los temas planteados o por la imagen creada por los organizadores. La estrategia también demuestra ser útil en diversos sectores demográficos con distintas formas de expresión. Estas protestas en línea han logrado movilizar a una amplia variedad de grupos. Entre ellos se encuentran los fanáticos del K-Pop de todo el mundo.

El K-Pop, en especial su comunidad de seguidores, es un claro ejemplo de una cultura juvenil que ejerce influencia en diversos ámbitos. En Corea, desempeñó un rol importante en la destitución del presidente Yoon. En otros países, como Indonesia, los fanáticos del K-Pop han participado activamente en protestas sobre cuestiones sociales y políticas. Las interacciones entre los seguidores suelen darse en línea en plataformas como X, Facebook y TikTok. Por lo tanto, los movimientos a menudo empiezan como protestas virtuales. Luego algunas personas salen a las calles junto con los demás manifestantes.

Sin embargo, también hay desventajas.

La protesta digital gana popularidad, sobre todo entre los jóvenes. Sin embargo, también presenta varios inconvenientes. Uno de ellos es la desigualdad en el acceso a internet.

El libro de Merlyna Lim, Medios sociales y política en el Sudeste Asiático, señala algo importante. Los primeros estudios sobre las plataformas digitales las aclamaban como un nuevo espacio para los procesos democráticos. Podían traspasar fronteras y, a la par, impulsar la participación y los movimientos sociales. Sin embargo, hoy en día, la distribución de la tecnología digital es desigual. Por consiguiente, aunque la tecnología puede traspasar las fronteras, las personas que participan siguen siendo sobre todo quienes ya tienen un buen acceso a la tecnología. Lim afirma lo siguiente:

I contend that, setting aside the issue of unequal access, digital networks are not egalitarian networks where citizens have equal opportunities to participate in public discourse. First and foremost, the internet is never inherently egalitarian. Instead, the structure of the internet exhibits the characteristics of a scale-free network—a network in which the degree distribution follows a power law.

Sostengo que, dejando de lado la cuestión del acceso desigual, las plataformas digitales no son espacios igualitarios donde los ciudadanos tengan las mismas oportunidades de participar en el debate público. Antes que nada, internet nunca es igualitario por naturaleza. En cambio, la estructura de internet muestra las características de una red sin escala, una red en la que la distribución de grados sigue una ley de potencias.

Esta distribución desigual de la conectividad va a dificultar un objetivo importante. Dificultará que las organizaciones de la sociedad recluten nuevos miembros de sectores distintos a su base actual. Además, las cámaras de eco se agravan por los algoritmos de internet. Estos algoritmos sugieren temas según los intereses de cada usuario. Esto genera un entorno restrictivo. Por ejemplo, supongamos que te interesa el activismo ambiental. Tu bandeja de entrada se llenará de sugerencias sobre asuntos similares. Es probable que no veas otras convocatorias que también puedan atraerte. El algoritmo detectó tu interés previo en el activismo medioambiental y limita el resto del contenido.

Otro motivo de preocupación es una presunción sobre los participantes. Se presume que quienes participan en protestas virtuales no están necesariamente dispuestos a salir a las calles. Tampoco están dispuestos a mantener un compromiso constante con las causas planteadas. Muchos participan en el activismo digital por la facilidad del proceso. Pueden publicar memes o afiches en línea y también pueden refugiarse en el anonimato. Esto es diferente a salir a la calle. Salir a la calle conlleva un mayor riesgo de enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Ante esto, la Fundación Open Society (OSF) sostiene que las protestas en línea atraen a jóvenes. Estos jóvenes se involucran por primera vez en asuntos sociales. Esto constituye el primer escalón hacia el activismo presencial.

Es innegable que existen diversas fallas. A pesar de ello, en este breve artículo, OSF sugiere algo positivo. Las organizaciones de la sociedad civil pueden desarrollar estrategias a largo plazo. Deben incorporar movimientos en línea para defender causas específicas. Esto implica planificar la participación digital y la presencial. Además, deben facilitar una transición fluida entre ambas. En esencia, las organizaciones de la sociedad civil deben idear formas de mantener el interés público. Así, quienes al principio participan en línea pueden seguir comprometidos con la causa a largo plazo y estar dispuestos a sumarse a actividades presenciales.

Para abordar la disparidad en el acceso a internet, las organizaciones de la sociedad civil tienen una tarea clara. Deben seguir realizando talleres educativos presenciales y debates. Estos espacios deben llegar a las personas con mala conexión a internet. En última instancia, el acceso sigue siendo desigual. Sin embargo, tanto el activismo en línea como el presencial pueden contribuir significativamente a un movimiento y complementarse mutuamente.

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